[Reseña] Demon Slayer: Castillo Infinito – El inicio del fin que los fans se merecen
Cuando el año pasado Ufotable anunció que la popular animación de Demon Slayer terminaría con una trilogía de películas muchos dudaron de si se trataba de la decisión correcta. Ciertamente, disfrutar de un capítulo a la semana durante una temporada tiene su encanto. Pero, ahora me doy cuenta que ver uno de tus animes favoritos en la pantalla grande también tiene mucha magia. Sobre todo, si se trata de una producción que, literalmente, marca el inicio del fin.
La primera parte de esta trilogía, Demon Slayer: Castillo Infinito, se estrenó este 11 de setiembre fuera de Japón para occidente y nadie puede negar que ha sido un éxito rotundo. Además de estar gozando de una excelente recepción tanto por parte de los espectadores como de la prensa especializada, ya ha conseguido generar más de 500 millones de dólares a nivel mundial.
¿Realmente es tan buena? Tratemos de averiguarlo en esta humilde reseña.

Una carta de amor a la animación
Quiero empezar resaltado lo que probablemente ya sea el aspecto más llamativo del anime: su animación. Desde la primera temporada Ufotable viene haciendo un excelente trabajo trasladando Demon Slayer del manga a la animación. Por ejemplo, manteniendo el estilo de Koyoharu Gotouge, especialmente en aquellas escenas graciosas, pero a la vez adaptándolo a un formato más moderno.
Por otro lado, Ufotable tampoco ha dudado en añadir detalles y expandir escenas donde correspondía, como en los combates, donde esto se hace más notorio. En el manga, por las mismas limitaciones del formato, las peleas se suelen agotar en algunos paneles, dejando bastante a la imaginación de los lectores. Así que el estudio no dudó en aprovechar para añadir efectos visuales y nuevas escenas que incrementen el impacto de las escenas, sea más acción o sentimentalismo, dependiendo del momento.

Pues bien, lo mismo sucede en Demon Slayer: Castillo Infinito. La película es, verdaderamente, una carta de amor a la animación. Utiliza excelentemente distintos recursos que la hacen todo un deleite visual. En los combates, aumenta la intensidad de la acción por el movimiento de los personajes, los efectos y ciertas animaciones en 3D que cada vez se utilizan de una mejor manera no como reemplazo del 2D, sino como un complemento. Incluso, me atrevería a decir que Ufotable es en este momento el estudio de animación que mejor utiliza este recurso al implementarlo de manera tan fluida en su trabajo.
En los flashbacks y escenas más lentas, la dirección artística hace que incremente el impacto del sentimentalismo, con bellas escenas que calan en los espectadores. Sin duda, Ufotable se supera cada vez más en su animación y hace que sea todo un placer ver nuestros paneles favoritos del manga finalmente animados.

Una sencilla fórmula que sigue funcionando
Hablemos ahora un poco sobre la trama de Demon Slayer. Siempre he dicho que en cuanto a historia es bastante sencilla. La del camino del héroe, un protagonista sin padres, con un pasado misterioso y un futuro prometedor debido a un poder oculto, que junto a algunos amigos debe abrirse paso entre diversas dificultades para ganarse la confianza y el respeto de quienes en un inicio lo menospreciaban.
Así pues, vemos que Demon Slayer tiene la misma fórmula que varios otros animes, pero esto no es algo malo. Después de todo, sigue funcionando hoy en día. Por supuesto, la franquicia tiene sus propios matices. Si bien mantiene la misma estructura básica que muchas otras historias, añade sus propios elementos en la trama que la vuelven atractiva para un público bastante amplio.
Las temporadas anteriores al Castillo Infinito tuvieron tanto sus altos como bajos, con momentos llenos de acción, como el Tren Infinito o el Distrito del Entretenimiento; y momentos más calmados o de preparación, como el Entrenamiento de los Pilares. Pero ahora que estamos en el inicio del fin nos damos cuenta de que la historia se vuelva una montaña rusa, llevándonos de la acción al sentimentalismo en cuestión de segundos.

El Castillo Infinito cuenta con tres batallas principales, cada una de ellas con una intensidad inimaginable que va mucho más allá de la del manga gracias al excelente trabajo de Ufotable en la adaptación. Sin embargo, cada una de ellas también cuenta con sus propios flashback, un recurso bastante recurrente en los animes, pero que aquí parece presentar cierto problema.
Sucede que uno puede llegar a sentir cómo la emoción sube con la acción de las peleas para de pronto bajar por algún recuerdo de uno de los personajes y esto sucede durante toda la película. Obviamente, estos momentos no son relleno, sino que también se encontraban en el manga y, en realidad, son muy importantes para el desarrollo de la trama en la misma película.
No obstante, es imposible evitar sentir que la acción y el sentimentalismo se cortan unos a otros. Pero parece ser que este es un problema del formato. En el manga, por ejemplo, esto no se siente tanto así, porque en una menor cantidad de paneles se narran los mismos momentos y hasta podría decirse que mantienen la misma intensidad. Mientras tanto, en la película los combates están tan elevados en cuanto a calidad, que se siente el bajón al pasar a otro tipo de escena.

Probablemente, tampoco hubiera sido así si es que se decidía animar la temporada de forma episódica. Al igual que en temporadas anteriores, hubiéramos tenido capítulos dedicados enteramente o casi en su totalidad a las peleas, mientras que otros habrían servido para los recuerdos y momentos reflexivos. Además, debido a la espera entre cada uno, los episodios habrían tenido una mayor expectativa sin importar lo que narren.
Un carrusel de sensaciones
Demon Slayer: el Castillo Infinito te asegura dos horas y media de puro entretenimiento en las que te vas a emocionar, reír y hasta llorar. Es una montaña rusa de emociones que nos prepara para lo que está por venir en el final de una de las franquicias más populares de la actualidad.
Su trama, aunque sencilla, nos demuestra que no siempre se necesita de tanta complejidad para empatizar con una historia y sus personajes, sino al contrario. Su tremenda calidad visual, efectos de sonido, música y perfecta utilización de la animación 3D en un entorno 2D la llevan a nuevos niveles que se disfrutan con mayor intensidad en una sala de cine. Definitivamente, una carta de amor al anime que debería servir de inspiración para otras productoras y buscar un equilibrio entre la calidad de todos los aspectos de una animación.

Ahora, solo queda esperar las otras dos películas de la trilogía. Esta primera producción ha dejado la valla muy alta, pero quienes ya sabemos lo que continúa no dudamos en que los siguientes filmes serán capaces de llevarla toda más lejos y cerrar con broche de oro esta historia.
Lo bueno
- Un deleite visual gracias a sus excelentes animaciones, efectos especiales y un espectacular uso de la animación 3D en entornos 2D.
- Efectos de sonido y banda sonora que se viven con mayor intensidad en una sala de cine.
- La historia, aunque sencilla y ya conocida por muchos, se ve elevada en calidad gracias a lo impecable de su animación y soundtrack.
- Una impresionante dirección artística que respeta el estilo de la autora, pero que sabe decidir cuándo cambiar o añadir cosas para mejor.
Lo malo
- El formato de película puede ocasionar que se sientan muy repentinos los cambios entre acción y momentos más tranquilos al tener que verlo todo de una sola sentada.


