reseña Devil May Cry Temporada 2

Devil May Cry: Temporada 2 – “See U in Hell”

Estudio Mir y Adi Shankar nos deleitan otra vez con la segunda temporada de Devil May Cry, estrenada el 12 de mayo en Netflix, con sus ocho episodios lanzados de golpe para el maratón de siempre. “See U in Hell” es como se titula esta segunda entrega, en honor al tema de Papa Roach junto a Hanumankind que le pone banda sonora. Comenzamos, como es de costumbre, con un buen recap para refrescar nuestra memoria. Por si nos habíamos olvidado de la hermosa trama. No es novedad, como ya mencionamos en nuestra reseña de la primera temporada, que esta adaptación sigue dividiendo al fandom. Esta segunda tanda de episodios no será la excepción, así que vamos por partes.

La trama ofrece nuevos aires

Estudio Mir insiste en empujar esta nueva síntesis, esta amalgama de Devil May Cry que están construyendo. Y lo digo así no como crítica sino como una interpretación de hacia dónde quieren llevar esta adaptación. La temporada retoma justo donde nos dejó la primera: Dante congelado en criogenia por orden de DARKCOM tras la traición de Lady, mientras en Makai estalla una guerra a gran escala impulsada por Uroboros, la corporación del multimillonario Arius von Ehrenberg. Bajo la excusa de “liberar” al mundo demoníaco, Arius empuja a Estados Unidos a una invasión encubierta cuyo verdadero objetivo son los Arcana, las reliquias que guiñan directamente a DMC2 y que, como se revela más adelante, sirven para resucitar a Argosax, el antiguo rey de los demonios al que Mundus depuso hace siglos.

En esta segunda temporada vemos a un Dante más “normal”, más “down to earth” o “relatable”, pero a la vez más enriquecido como personaje, a diferencia de los videojuegos, que siempre usaron un acercamiento más indirecto para presentar a nuestros héroes. Vergil toma ahora un protagonismo real, mucho más cercano a lo que ocurre en el canon de DMC3, porque es él quien articula gran parte de esta nueva rama temporal y la serie está claramente empeñada en enfocar la trifulca familiar de los Sparda.

Esto va de la mano con un interés muy marcado por cerrar cualquier cabo suelto del lore de la franquicia. La historia de Dante y Vergil nunca terminó de aclararse del todo hasta DMC5, y lo único que sabíamos hasta ahora es que en algún momento vivieron juntos con su familia en una mansión. Acá, Estudio Mir se toma el atrevimiento de rellenar esos huecos: por fin entendemos, a través de flashbacks, la tragedia que separó a los hermanos, el rol de su madre Eva, y hasta el verdadero motivo por el que Sparda le dio la espalda a Mundus. Justamente reflejando el conflicto entre los hermanos como el mismo que hubo entre Mundus y Sparda.

La «lucha» entre protagonistas

Ya que el rol de Vergil es más protagónico junto a Dante, ambos terminan encarnando los arquetipos opuestos de siempre. De la misma manera que en los juegos, el evento que los separó de niños será determinante para sus caracterizaciones y sus acciones posteriores. Su reencuentro, marcado por la manipulación constante de Arius (que se dedica literalmente a empujarlos el uno contra el otro), es de lo mejor que tiene la temporada. Ojo con la aparición de Vergil sentado tranquilamente en una silla, en un programa de entrevistas, desmontando en vivo la propaganda anti-Makai de DARKCOM: esa escena ya se volvió meme y, sinceramente, se lo tiene merecido.

Lady también tiene mucha presencia esta temporada, aunque siento que es el único personaje que suelta una grosería cada dos palabras, lo cual no es un problema en sí, solo es raro porque nadie más lo hace. El romance entre ella y Dante se siente forzado y pierde bastante de la química que construyeron en el juego; por suerte la serie no se conforma con eso y le da a Lady su propio arco, bastante más interesante: la revelación de que su padre, John Arkham, sigue vivo y ha estado operando como el bufón infiltrado en la corte de Mundus todo este tiempo. Ese giro, sumado a su despedida final con el maletín que todo apunta a que es la Kalina Ann, deja a Lady en un lugar mucho más interesante de cara a la temporada 3.

Mundus, el antagonista de la primera entrega original de los videojuegos, hace su regreso a la franquicia de Netflix como poco menos que lo mismo de siempre, solo que ahora conocemos sus motivos y su rol en la caída del rey demonio previo, al que intentan vender como el villano de los villanos: Argosax. Funciona, aunque se siente un poco la fórmula de “aquí está el verdadero villano detrás del villano” que ya hemos visto en tantas adaptaciones.

La serie también insiste, y bastante, en usar la invasión a Makai como una analogía directa a la crisis migratoria, o para ser más específicos, a la crisis migratoria de Estados Unidos: hasta tenemos una imitación animada bastante clara de una figura política que todos vamos a reconocer. Tendremos también una crítica al conflicto armado y a las guerras encubiertas durante varios episodios, donde se simula una ofensiva militar que en realidad es una cortina de humo para el verdadero objetivo (los Arcana), mientras los soldados rasos mueren en batalla creyendo que están cumpliendo una misión de conquista. Es un recurso que ya vimos en la primera temporada y que aquí se estira todavía más.

Presentación a la altura de la saga

La música, aunque es buena porque recurre a muchos referentes de inicios de los 2000, no siento que termine de encajar con el espíritu de DMC en general. Eso sí, buena no deja de ser, y el tema principal cumple su función de ponerte a mil.

Las animaciones a cargo de Estudio Mir siguen siendo una garantía. Aunque tengo mis reservas con la iluminación, que me pareció demasiado eléctrica o brillante en varias escenas, las peleas fueron un deleite de principio a fin. El uso del 3D está bastante bien integrado, sin ese salto visual incómodo que a veces delata al CGI barato. En términos de la amalgama de lore que mencionaba antes, esta temporada logra tejer piezas de Todos los DMC’s anteriores en una sola línea temporal alternativa, sin que se sienta como un collage forzado. Es una síntesis, no una réplica, y hasta ahí, se aplaude.

¿Se capta el espíritu de Devil May Cry?

No siento que Shankar haya terminado de entender del todo el “build up” necesario entre los hermanos y en general la historia de DMC, retroactivamente hablando. Que es lo más importante de toda esta temporada: se nota que quería llegar al enfrentamiento final sin haber sembrado lo suficiente antes. El intento de politizar la trama de una manera tan forzada, y limitarse casi exclusivamente a hablar de Estados Unidos, también le juega en contra a una serie que se supone quiere hablar de un conflicto entre mundos.

Las animaciones, eso sí, son excelentes, y todo lo que es acción sigue siendo el punto más fuerte de la producción, sin ninguna duda. Pero se sigue perdiendo esa narrativa particular que sí lograron los juegos, como la narración en segunda persona de Lady que tanto definió a DMC3; la caracterización de la mayoría de los personajes principales se siente forzada, como si el autor quisiera llegar a los mismos momentos icónicos que lograron los videojuegos sin entender del todo qué fue lo que los hizo funcionar en primer lugar.

Saldando cuentas, pero aun con deudas

Con todo esto, hay que darle crédito a la serie donde corresponde: la acción, la animación, y el esfuerzo genuino por cerrar cabos sueltos del lore son un plus real. Pero la ejecución del drama familiar y la insistencia política le restan más de lo que le suman. El fandom sigue, como era de esperarse, dividido: la crítica especializada la trata mejor que nunca, pero entre los jugadores de toda la vida las opiniones cambian según a quién le preguntes. Nosotros nos quedamos, otra vez, en un punto medio: entretenida, vistosa, pero todavía a medio camino de ser la adaptación que Devil May Cry se merece.

nota

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